Los roedores rara vez entran por casualidad. Una rata pasa por una abertura de unos dos centímetros y un ratón por un agujero del grosor de un lápiz. En un piso, una casa o el almacén de una tienda, la pregunta no es solo «¿cuántos hay?», sino «¿por dónde entran?».
El técnico sigue los rastros hasta los accesos: pasos de tuberías, conductos, rendijas bajo las puertas, arquetas, respiraderos de sótano. Después coloca estaciones de cebo cerradas, o trampas mecánicas donde se manipulan alimentos, y tapa las aberturas encontradas. La visita de control comprueba el consumo del cebo y el estado de los sellados.