Cucaracha alemana, hormiga faraón, pulga del gato, polilla de la despensa: cada especie tiene sus escondites y sus puntos débiles. Un insecticida pulverizado al azar suele empujarlas a otra habitación, o a casa del vecino, sin llegar a la colonia.
El técnico identifica primero el insecto y localiza sus refugios: bisagras, motores de electrodomésticos, rodapiés, patinillos. Aplica el producto lo más cerca posible de esos escondites, en gel, en polvo o en tratamiento localizado, y después sella las grietas y los pasos de tuberías que les sirven de pasillo. En su cocina o en la de un restaurante, no hace falta vaciarlo todo.